es cierto que cuando empecé, sólo peloteaba con el vocabulario, combinaba frases hechas, trataba de seguir el ritmo de los escritores que leía, Miller, Kerouac, Fitzgerald, y luego Walser, y sobre todo, disfrutaba de mis caminatas solitarias, cuanto más aislado, más íntimo, cuanto más intimo, más puro.
pero también es cierto que eso fue sólo un tipo de principio. porque cuando me desperté transpirado por una pesadilla, y advertí que por encontrarme en el living de la casa de un amigo, y percatarme después de una larga borrachera de días sin dormir, que era cierto que mi novia de ese tiempo ya no lo era más, ahí, entonces, empezaba de verdad lo que había sido sólo un lindo ensayo.
bendita adolescencia que nos obliga a inmersiones oscuras con el único propósito de replegarnos un poco más, distanciarnos de la mundanidad, dejar que se escuche lo que clama por manifestarse.
y
domingo, marzo 25, 2007
sábado, enero 27, 2007
ahora sí, balance
2006, año bisagra.
Grandes esfuerzos iniciales por expandir mi carrera a nivel internacional. Significado real: ganas de viajar.
Grandes decepciones por haber dado un gran primer paso y comprobar la apatía de quienes podrían o deberían avalar los pasos posteriores. Significado real: vacío de poder.
Grandes renovaciones de energía por dejar entrar a un viejo amigo y servirle algo para que se quede en mi mente y me ayude a desarrollar viejos proyectos. Significado real: volví a dar cursos de filosofía.
Y entonces sobrevino un nuevo llamado. Filosofía ? No, venture capital. Ah, volvemos al año 2000 ...
No sé quien propone ni tampoco quién dispone. Sólo sé que se llama "capitalismo".
Pero a no desesperar: cuando le dí la mano a Virno en la Biblioteca Nacional desconocía algo que quizás sea mucho mejor: en 2007 volveré a viajar.
Grandes esfuerzos iniciales por expandir mi carrera a nivel internacional. Significado real: ganas de viajar.
Grandes decepciones por haber dado un gran primer paso y comprobar la apatía de quienes podrían o deberían avalar los pasos posteriores. Significado real: vacío de poder.
Grandes renovaciones de energía por dejar entrar a un viejo amigo y servirle algo para que se quede en mi mente y me ayude a desarrollar viejos proyectos. Significado real: volví a dar cursos de filosofía.
Y entonces sobrevino un nuevo llamado. Filosofía ? No, venture capital. Ah, volvemos al año 2000 ...
No sé quien propone ni tampoco quién dispone. Sólo sé que se llama "capitalismo".
Pero a no desesperar: cuando le dí la mano a Virno en la Biblioteca Nacional desconocía algo que quizás sea mucho mejor: en 2007 volveré a viajar.
sábado, enero 20, 2007
Foco Primario
Me sonreí cuando vi a qué se dedicaba: economía de la atención. Intento desesperado -pensé- para retener a sus oyentes, pero todos lo estamos, en algún sentido. Siempre hay algo que no llega o alguien que no nos presta la atención que esperamos. Sin embargo, podemos no advertirlo, cuando nuestras expectativas se distribuyen de otro modo y nos trazamos un ecuador de la serenidad en nuestro "humor" y así la cosa fluye.
Seré mucho más concreto: son las 8 de la mañana. Lo que sucederá durante el día aún está lejos de ser previsto, pero habiendo seguridad de que en media hora comenzará el entrenamiento de tenis, podemos postergar hasta después de la ducha reparadora los ejercicios de ansiedad que irán moldeando el día, entrada la tarde y luego ya de noche, cuando sin ropa estemos tendidos en la cama y el cielo estrellado nos diga que todo estuvo bastante bien y que mañana habrá oportunidad de mejorarlo.
Seré mucho más concreto: son las 8 de la mañana. Lo que sucederá durante el día aún está lejos de ser previsto, pero habiendo seguridad de que en media hora comenzará el entrenamiento de tenis, podemos postergar hasta después de la ducha reparadora los ejercicios de ansiedad que irán moldeando el día, entrada la tarde y luego ya de noche, cuando sin ropa estemos tendidos en la cama y el cielo estrellado nos diga que todo estuvo bastante bien y que mañana habrá oportunidad de mejorarlo.
sábado, septiembre 30, 2006
dilema del extrañamiento
y en qué se parecen todos estos cuentos ?
en que sólo pretenden tomar como objeto de la disertación
cosas tan simples? naturales? básicas?
como correr, desayunar, y otras
más multidimensionales? complejas? simbolicas? de nivel2?
como leer, escribir, hablar, filosofar
y se parecen en que, dado el elemento suscitador de la experiencia,
describirla es acercarse a su fluir sin comprensión sólo remando
respirando en busca de la energía pura pero conscientes de la limitación
de nuestra camisa de fuerza biológica
empezaré por el principio entonces diciéndo que tengo dos alternativas:
maravillarme de la lira que tiene la humanidad cuando regresa al fogón colectivo
y decide narrar sus extravíos
o ser escéptico acerca de la incidencia que tienen nuestros intentos verbales por parecer orden
donde sólo hay hubo y habrá
caos de umbrales minimos de estabilidad y evidencias catastróficas de que esos umbrales mínimos
varían menos
de lo que las tragedias individuales, autistas en su sesgo, quisieran reconocer
en que sólo pretenden tomar como objeto de la disertación
cosas tan simples? naturales? básicas?
como correr, desayunar, y otras
más multidimensionales? complejas? simbolicas? de nivel2?
como leer, escribir, hablar, filosofar
y se parecen en que, dado el elemento suscitador de la experiencia,
describirla es acercarse a su fluir sin comprensión sólo remando
respirando en busca de la energía pura pero conscientes de la limitación
de nuestra camisa de fuerza biológica
empezaré por el principio entonces diciéndo que tengo dos alternativas:
maravillarme de la lira que tiene la humanidad cuando regresa al fogón colectivo
y decide narrar sus extravíos
o ser escéptico acerca de la incidencia que tienen nuestros intentos verbales por parecer orden
donde sólo hay hubo y habrá
caos de umbrales minimos de estabilidad y evidencias catastróficas de que esos umbrales mínimos
varían menos
de lo que las tragedias individuales, autistas en su sesgo, quisieran reconocer
viernes, septiembre 08, 2006
De todo, un poco
Pudo ocurrir ayer, o no haber ocurrido nunca.
Mientras iba caminando por el pasillo, con el objetivo puesto en retirar del freezer el agua mineral en el envase de plástico , lo que pudo ocurrir, o no haber ocurrido nunca, en tren de establecer analogías, yendo de lo micro a lo macro, es algo similar a Hiroshima, luego de un prólogo a la Chernobyl, con un intermezzo Basora.
Pienso que hay algo de sabiduría en ir rodeando al enemigo en círculos concéntricos, donde el desplazamiento bruto es mayor que el acercamiento neto , pero siento que es irracional llamarlo enemigo. Son cosas que no dependen o no deberían depender de si uno hizo o no tal curso en la universidad, de si uno leyó primero a Mao, luego a Sun Tzu, y luego a Von Clausevitz.
Si lo hubiese tenido cerca, frente a frente, la cara descubierta, las grietas del desierto en la frente y en los pómulos, si le hubiese podido tomar el pulso y comprobar la curva descendente, sin jeringas ni adrenalina, sería entonces sí correcto hablar de una amistad ?
Una mañana nublada de marzo se levantó unos quince minutos antes de que sonara el teléfono, y entró a la ducha. Tenía media hora antes de que lo pasaran a buscar para ir al aeropuerto, y su experiencia le indicaba que podría con todo en ese lapso. Por eso se agregó una serie de ejercicios de respiración y siguió con ellos dentro del remis, en la fila del check in, y en la mitad del vuelo. La azafata lo vio ocupado y le preguntó si deseaba algo. Algo para el desencanto –respondió preguntándole- ? Me ha tocado, Srta, ser uno de los que cree en bellas mentiras y no logra aprender a ser cínico –y señaló a su alrededor.y apoyó la yema de su dedo índice sobre sus labios-. No, muchas gracias, me sabe mejor no querer nada.
Que pase la siguiente, dijo la Directora, mirando el reloj, insatisfecha. Es usted ? Tome asiento. Tenía frente a si un currículum vitae sumamente prolijo, sintético, con una fotografía idéntica al rostro que tenía frente a sí. La candidata cumplía con todo, y la entrevista aún no había comenzado. Quiero que hable, pensó, quiero que diga su nombre sin que yo se lo pregunte, que se presente sola, comience a hablar, me excuse a mí de hacerlo e, irradiando confianza, se levante y me extienda la mano convencida de empezar al día siguiente. Si esto no puede suceder, tenemos que suponer que el ser humano ha surgido del encuentro azaroso entre un sapiens y un faber. Sólo necesito demostraciones, ni siquiera hechos. Necesito que en los pulsos eléctricos que pongan en marcha su motricidad haya un supuesto previo que luego se vaya desarrollando y dé por fin la forma esperada, tal cual ha sido diseñada. De lo contrario, la coincidencia será el por qué primero y último de todas nuestras acciones.
No es posible que estés acá, pero estás, y tengo que aprovechar para decirte lo siguiente:
Ahora ya sé que te avergüenza mostrar tus miserias, y que realmente las tenés, ahí, escondidas. Por eso te pido que lo hagas, y te alivies para siempre.
Cuando te destaparon por última vez, estábamos helados de dolor y te despedí para siempre viéndote sonreir, no me importa que haya sido de frío, después de todo somos los vivos los únicos capaces de otorgar sentido a un cadáver y recordarlo muerto a eso que alguna vez fue un cuerpo que vibró , abrazó, jugó y se sentó a escuchar llorar a otros.
Te disparaste un martes de madrugada y me siento frívolo por haberte dejado, tres días antes, un mensaje en el que te invitaba a una feria de vinos. Qué pasaba por tu mente en esos días previos ? Nunca lo sabremos, aunque ahora estés acá. Me decís que vos tampoco recordás nada de esos días, que vas a intentar acordarte de algo para poder dejar tranquila a tu familia.
“Tengo sida y esta es la mejor manera de terminar. Perdónenme por hacerlos sufrir. Los quiero muchísimo a todos”.
El taxi viajaba en dirección al centro de la ciudad. El Sr no prestaba atención al timbre de su teléfono, hundido en el asiento trasero del taxi. Se lo hizo notar su asistente en un gesto de clarividencia. “Vení, por favor....” Era grave. Pero cuán grave era ? Ya estaba en otro taxi, ahora en dirección a Pza Italia, donde vivía su madre y su hermano. “Por favor, decime algo más, así sé si puedo ayudar, o llamar al médico.” “Se pegó un tiro.” Varios minutos pronunciando la palabra nooo. Ya está muerto ? Se podrá salvar ? Llanto desconsolado. Por favor, que la ambulancia llegue rápido. El taxista testigo de la desesperación de un desconocido.
Nunca sabemos al salir de nuestra casa de qué seremos testigos ese día. Cuando entró, y me indicó a dónde iba, con rostro grave y serio, sentí una pequeña fatiga, pero me distraje con el tránsito hasta que volví a escuchar sus gritos por el teléfono, y de pronto tenía atrás un hombre que se revolvía de angustia, gritaba y lloraba sin control, y se indignaba lleno de ira. Son momentos que no se pueden olvidar. Quedan grabados para siempre. Y un día, el mismo hombre vuelve a subir, han pasado quince años, y quién es uno para recordarle ese día, pero lo tiene que hacer, y entonces los ojos del hombre que ya ha cicatrizado su herida con los años se vuelven a humedecer y recibimos una palmada cuando llegamos a destino.
Hasta cualquier momento, Sr. Que tenga usted una vida dichosa.
A los veinte , la vida es una secuencia de degustaciones, una cata a ciegas continua, sin conclusiones ni balances ni mensajería moralista. Qué es esto ? Lo abrimos ?
A los veinte el hippismo se lleva puesto como una remera transpirada y los trenes salen cada media hora rumbo a la aldea global.
A los veinte, entre las sábanas, se alcanza a escuchar un gemido amateur que tiene mucho plus que derrochar en noches que no necesitan ser cortas para terminar rápido y los amaneceres te encuentran con anteojos de sol y el tiempo se detiene para que la cámara digital de la Historia te congele con la sonrisa que será la mueca del final.
En el principio era el silencio, y no sobrevolaban buitres.
A los treinta se saborean los primeros trofeos de guerra, se superponen las pasiones jóvenes con los hábitos maduros, y el resultado es que ya no sos lo que aún no has sido.
A los treinta se dejan los pasivos en recepción, envueltos en paquetes que nadie abrirá por el momento. El cartero que los trae ni se ilusiona con llevarse una firma, no hay, no puede haber conciencia de la finitud hasta que alguno de tus pares queridos deja antes que el resto el mundo y una línea de sangre te recorre el rostro, señal de que el conflicto es arte y la belleza es sabiduría para resolverlo.
Mientras iba caminando por el pasillo, con el objetivo puesto en retirar del freezer el agua mineral en el envase de plástico , lo que pudo ocurrir, o no haber ocurrido nunca, en tren de establecer analogías, yendo de lo micro a lo macro, es algo similar a Hiroshima, luego de un prólogo a la Chernobyl, con un intermezzo Basora.
Pienso que hay algo de sabiduría en ir rodeando al enemigo en círculos concéntricos, donde el desplazamiento bruto es mayor que el acercamiento neto , pero siento que es irracional llamarlo enemigo. Son cosas que no dependen o no deberían depender de si uno hizo o no tal curso en la universidad, de si uno leyó primero a Mao, luego a Sun Tzu, y luego a Von Clausevitz.
Si lo hubiese tenido cerca, frente a frente, la cara descubierta, las grietas del desierto en la frente y en los pómulos, si le hubiese podido tomar el pulso y comprobar la curva descendente, sin jeringas ni adrenalina, sería entonces sí correcto hablar de una amistad ?
Una mañana nublada de marzo se levantó unos quince minutos antes de que sonara el teléfono, y entró a la ducha. Tenía media hora antes de que lo pasaran a buscar para ir al aeropuerto, y su experiencia le indicaba que podría con todo en ese lapso. Por eso se agregó una serie de ejercicios de respiración y siguió con ellos dentro del remis, en la fila del check in, y en la mitad del vuelo. La azafata lo vio ocupado y le preguntó si deseaba algo. Algo para el desencanto –respondió preguntándole- ? Me ha tocado, Srta, ser uno de los que cree en bellas mentiras y no logra aprender a ser cínico –y señaló a su alrededor.y apoyó la yema de su dedo índice sobre sus labios-. No, muchas gracias, me sabe mejor no querer nada.
Que pase la siguiente, dijo la Directora, mirando el reloj, insatisfecha. Es usted ? Tome asiento. Tenía frente a si un currículum vitae sumamente prolijo, sintético, con una fotografía idéntica al rostro que tenía frente a sí. La candidata cumplía con todo, y la entrevista aún no había comenzado. Quiero que hable, pensó, quiero que diga su nombre sin que yo se lo pregunte, que se presente sola, comience a hablar, me excuse a mí de hacerlo e, irradiando confianza, se levante y me extienda la mano convencida de empezar al día siguiente. Si esto no puede suceder, tenemos que suponer que el ser humano ha surgido del encuentro azaroso entre un sapiens y un faber. Sólo necesito demostraciones, ni siquiera hechos. Necesito que en los pulsos eléctricos que pongan en marcha su motricidad haya un supuesto previo que luego se vaya desarrollando y dé por fin la forma esperada, tal cual ha sido diseñada. De lo contrario, la coincidencia será el por qué primero y último de todas nuestras acciones.
No es posible que estés acá, pero estás, y tengo que aprovechar para decirte lo siguiente:
Ahora ya sé que te avergüenza mostrar tus miserias, y que realmente las tenés, ahí, escondidas. Por eso te pido que lo hagas, y te alivies para siempre.
Cuando te destaparon por última vez, estábamos helados de dolor y te despedí para siempre viéndote sonreir, no me importa que haya sido de frío, después de todo somos los vivos los únicos capaces de otorgar sentido a un cadáver y recordarlo muerto a eso que alguna vez fue un cuerpo que vibró , abrazó, jugó y se sentó a escuchar llorar a otros.
Te disparaste un martes de madrugada y me siento frívolo por haberte dejado, tres días antes, un mensaje en el que te invitaba a una feria de vinos. Qué pasaba por tu mente en esos días previos ? Nunca lo sabremos, aunque ahora estés acá. Me decís que vos tampoco recordás nada de esos días, que vas a intentar acordarte de algo para poder dejar tranquila a tu familia.
“Tengo sida y esta es la mejor manera de terminar. Perdónenme por hacerlos sufrir. Los quiero muchísimo a todos”.
El taxi viajaba en dirección al centro de la ciudad. El Sr no prestaba atención al timbre de su teléfono, hundido en el asiento trasero del taxi. Se lo hizo notar su asistente en un gesto de clarividencia. “Vení, por favor....” Era grave. Pero cuán grave era ? Ya estaba en otro taxi, ahora en dirección a Pza Italia, donde vivía su madre y su hermano. “Por favor, decime algo más, así sé si puedo ayudar, o llamar al médico.” “Se pegó un tiro.” Varios minutos pronunciando la palabra nooo. Ya está muerto ? Se podrá salvar ? Llanto desconsolado. Por favor, que la ambulancia llegue rápido. El taxista testigo de la desesperación de un desconocido.
Nunca sabemos al salir de nuestra casa de qué seremos testigos ese día. Cuando entró, y me indicó a dónde iba, con rostro grave y serio, sentí una pequeña fatiga, pero me distraje con el tránsito hasta que volví a escuchar sus gritos por el teléfono, y de pronto tenía atrás un hombre que se revolvía de angustia, gritaba y lloraba sin control, y se indignaba lleno de ira. Son momentos que no se pueden olvidar. Quedan grabados para siempre. Y un día, el mismo hombre vuelve a subir, han pasado quince años, y quién es uno para recordarle ese día, pero lo tiene que hacer, y entonces los ojos del hombre que ya ha cicatrizado su herida con los años se vuelven a humedecer y recibimos una palmada cuando llegamos a destino.
Hasta cualquier momento, Sr. Que tenga usted una vida dichosa.
A los veinte , la vida es una secuencia de degustaciones, una cata a ciegas continua, sin conclusiones ni balances ni mensajería moralista. Qué es esto ? Lo abrimos ?
A los veinte el hippismo se lleva puesto como una remera transpirada y los trenes salen cada media hora rumbo a la aldea global.
A los veinte, entre las sábanas, se alcanza a escuchar un gemido amateur que tiene mucho plus que derrochar en noches que no necesitan ser cortas para terminar rápido y los amaneceres te encuentran con anteojos de sol y el tiempo se detiene para que la cámara digital de la Historia te congele con la sonrisa que será la mueca del final.
En el principio era el silencio, y no sobrevolaban buitres.
A los treinta se saborean los primeros trofeos de guerra, se superponen las pasiones jóvenes con los hábitos maduros, y el resultado es que ya no sos lo que aún no has sido.
A los treinta se dejan los pasivos en recepción, envueltos en paquetes que nadie abrirá por el momento. El cartero que los trae ni se ilusiona con llevarse una firma, no hay, no puede haber conciencia de la finitud hasta que alguno de tus pares queridos deja antes que el resto el mundo y una línea de sangre te recorre el rostro, señal de que el conflicto es arte y la belleza es sabiduría para resolverlo.
de la metafisica a la politica
Atención, estamos esperando al último pasajero para despegar.
Es usted, por casualidad, el último pasajero ?
Grogui, apenas pude decir que sí y subí la escalinata que me llevaría a Marte.
Te acordás cuando te recostabas en la alfombra y te angustiabas pensando en el más allá ?
Muchos años me pasé “reflexionando” sobre la interioridad, la muerte, etc, etc.
Pero el otro día fui a almorzar con mi primo, hablamos sobre los 70´s
Y al volver a casa tuve un “deja vu” donde mientras me veía nuevamente recostado veía también los campos de concentración, y el olor a muerte del 75, del 76, del 77,
Esos años, que habían sido supuestamente metafísicos, ahora eran políticos.
Y vuelvo a escuchar a los gurues que quieren motivarnos diciéndonos que el individuo Salve a la sociedad, que el knowledge worker interiorice la misión y alucine la justicia
Mientras tanto, las empresas siguen operando plusvalía y el conocimiento
Se extrae como un mineral cualquiera de una mina que ahora es el cerebro
Atención, último pasajero en subir a Marte, por favor presentarse en mesa de ayuda
Es usted ? No es usted. Usted abandonó la nave, y ya no pertenece a nuestros registros.
sábado, septiembre 02, 2006
Preguntas Agudas al Hipercapitalismo
Después de Marx:
desistiremos de interrogarlo ?
desistiremos de adueñarnos de su lógica ?
nos limitaremos a surfear sus espasmos volcánicos ?
haremos como si no tuviera sentido la cuestión y entonces:
pondremos nuestras energías en la produccion ?
seremos creativos en lugar de estancarnos,
nos amigaremos con el presente ?
alcanzaremos la felicidad y lamentaremos
que la mayoria silenciosa
no participe del banquete
del entretenimiento continuo ?
Por qué era importante la posmodernidad ?
Para legitimar el hedonismo heterodoxo y sacarse la pesada mochila de los grandes relatos, del dogmatismo hegeliano, del academicismo stalinista ?
Por qué pertenecer a la posmodernidad ?
Porque el cinismo de saber pero aún así ignorar se convirtió en la forma discursiva que las fuerzas del capitalismo encontraron para reinventarse y hacer resultar al Hipercapitalismo.
Preguntas agudas: existe una forma de con-mover, acompañar el movimiento, en lugar de com-prender, valerse de la razón para extraer el sentido ? Si existe, se trata de emocionar con ideas ? Por qué sería útil ?
Formar parte de los campos de concentracion silenciosos y a la vez sentirse parte emocional de la época ?
En el Hipercapitalismo todo se convierte en contradiccion y paradoja. La tecnologia acelera la capacidad de transformacion e intensifica la diversificacion de devenires.
Hiperconsumo
Hipertecnologia
Hipercuerpo
Cocktail spinocista:
El retorno de la Historia
Racionalismo cientifico, primitivismo popular, refinamiento de los sentidos, hiperestimulacion
desistiremos de interrogarlo ?
desistiremos de adueñarnos de su lógica ?
nos limitaremos a surfear sus espasmos volcánicos ?
haremos como si no tuviera sentido la cuestión y entonces:
pondremos nuestras energías en la produccion ?
seremos creativos en lugar de estancarnos,
nos amigaremos con el presente ?
alcanzaremos la felicidad y lamentaremos
que la mayoria silenciosa
no participe del banquete
del entretenimiento continuo ?
Por qué era importante la posmodernidad ?
Para legitimar el hedonismo heterodoxo y sacarse la pesada mochila de los grandes relatos, del dogmatismo hegeliano, del academicismo stalinista ?
Por qué pertenecer a la posmodernidad ?
Porque el cinismo de saber pero aún así ignorar se convirtió en la forma discursiva que las fuerzas del capitalismo encontraron para reinventarse y hacer resultar al Hipercapitalismo.
Preguntas agudas: existe una forma de con-mover, acompañar el movimiento, en lugar de com-prender, valerse de la razón para extraer el sentido ? Si existe, se trata de emocionar con ideas ? Por qué sería útil ?
Formar parte de los campos de concentracion silenciosos y a la vez sentirse parte emocional de la época ?
En el Hipercapitalismo todo se convierte en contradiccion y paradoja. La tecnologia acelera la capacidad de transformacion e intensifica la diversificacion de devenires.
Hiperconsumo
Hipertecnologia
Hipercuerpo
Cocktail spinocista:
El retorno de la Historia
Racionalismo cientifico, primitivismo popular, refinamiento de los sentidos, hiperestimulacion
miércoles, agosto 16, 2006
El Caso Testigo
La Cosa empezó en Buenos Aires con Krapsky, uno al que lo habían venido testeando desde los comienzos de la Segunda Fase del Proyecto. Pero recién al año siguiente terminaron de convencerse de que era el candidato indiscutible y una tarde de verano en el Laboratorio del barrio de Saavedra, cuando lo sometieron a pruebas que estaban prohibidas, Krapsky no opuso resistencia ni exhibió en ningún momento contratos firmados con anterioridad que lo exceptuaran de brindar servicios al Proyecto.
Las primeras horas en producción y el abandono definitivo a la realidad virtual fueron momentos terribles para él, y completamente agotadores, porque el tráfico de datos le daba cefaleas agudas y sobre todo no disminuía como estaba previsto que ocurriera. Era como si cada ejecución de un nuevo pensamiento invocador de referencias no se cerrara a tiempo y quedaran conexiones abiertas que no se resolvían hasta que su memoria de corta duración, ,a la que entrenó durante meses para adaptarse al sistema, colapsaba y había que reiniciarlo con shocks que sutiles pero implacables lo mellaban en su voluntad de sostenerse conectado.
Krapsky era un adolescente cuando ocurrió la primera revolución, que fue la de los servidores interconectados.
Anna, su novia, lo esperaba vestida y perfumada para el cine, el restaurant, el shopping, pero el rush o la crema se le empezaban a correr cuando las horas pasaban y las lágrimas impotentes le hacían admitir que la pasíon de Krapsky por las redes la dejaba completamente fuera de combate.
La segunda, la de la Bibliosfera, lo tomó desprevenido en sus noches adultas de insomnio cuando sus consultas eran respondidas con resultados cada vez más completos y las fuentes disponibles cada vez mayores.
Soy la persona indicada -dijo, cuando lo aprobaron en el Comité- para protagonizar la tercera revolución y estoy dispuesto a que mi cuerpo sea el campo de batalla de los incipientes procesos bibliomentales.
Krapsky, le dijo una tarde su cuerpoterapeuta, cuando accedo a tu vibraenergetica mi diccionario de conceptos me advierte claramente que algo "no humano" participa de tus atributos emocionales.
Faltaban diez días para comenzar el Proyecto y Krapsky abrió un mail al despertarse donde le sugerían unas vacaciones en Asunción, Paraguay.
Es el lugar menos interesante que encontramos para vos en todo el mundo -oyó que
le explicó segundos después la respuesta automática de su jefe inmediato-, y necesitamos que te reencuentres con tus verdaderos afectos antes de iniciar este viaje de ida sin retorno al que no sabemos si sobrevivirás.
Así que al día siguiente volaba en un boeing mal mantenido y con azafatas de carne a las que se les derramaba el café en uno de cada tres asientos pero más tranquilo por alejarse de Buenos Aires.
Krapsky no podía leer el diario, porque lo tentaba más poner en holopantalla sus invenciones, pero esto sería sólo hasta cortar amarras, luego no habría más diario y si hubiera, sería tambien inventado.
Son pocos los rastros que quedan ya de las primeras simulaciones, cuando el modelo aún estaba en etapa de exploración de diseño de interfaces, pero sirven para tener una impresión de lo que fue el proceso.
Lo que se planteaban los ingenieros en esos focus groups para definir los propósitos de la vida biosferica era deliberadamente paradójico y contradictorio, complejo y caotico, dado que esos eran los paradigmas dominantes de la época, y no como ahora que el descrédito los hizo parecer en desuso y mal vistos en cualquier Congreso de Bibliosferología Especializada.
Ejemplo de situación: cuando Krapsky volvió de Asunción le pidieron que vaya a un meeting en el que unos Maestros de Yoga le enseñarían a meditar junto con su pareja.
Lo que obsesionaba a los ingenieros era ka fórmula: la cita justa del libro justo en el momento justo de tu vida.
Esto se apoyaba sin dudas en la ideología turbocapitalista para la cual la aceleración era la flecha termodinámica y por lo tanto: para qué inducir a la lectura si podemos programar los efectos útiles o deseados en forma instantánea. Esto significaba que podían "editarse" las citas necesarias para que el cerebro las tuvierse a mano en las circunstancias previstas.
En este caso, lo que importaba era que Krapsky procesara la lectura de un tratado de Carl Gustav Jung sobre el matrimonio porque en él estaba contenido lo que Krapsky debía argumentar en la entrevista con los Yoguis.
Los Ingenieros programaban reglas pero los Semánticos y los Filólogos eran los que desambiguaban, contextualizaban, y aportaban los criterios de interpretación necesarios para que el marco textual fuese consistente. La experiencia que uno estaría inducido a tener debía responder a reglas pero ser a la vez lo suficientemente flexible como para ser compleja, emocional, cultural.
Krapsky ya sabía con anterioridad y había debatido acerca de este tema muchas veces en su vida, argumentando en contra y a favor del matrimonio "como institución" pero ahora la "simulación" incorporaba en su memoria un set de keywords basado en su propio "diccionario" -uno de los órganos del "cuerpo inteligente" que permitía que con su misma lógica Krapsky procesara el texto de Jung y dispusiera de él ,como quien entreteje refranes dentro de una charla, en la conversación con los budistas.
Lo hicieron pasar a la recepción pero Krapsky pensó que era hipócrita agradecerles y se quedó callado. Ninguno sentía ninguna urgencia por romper el silencio, de modo que todos aprovecharon para estudiarse y generar misterio. Enseguida, el Maestro Swami lo interrogó con firmeza sobre el experimento y por qué lo habían elegido y agregó: me han hablado de su talento para las entrevistas.
Krapsky sonrió: la referencia lo envalentonó y le vino bien porque se sentía muy apático.
Es hora de volver, le dijo al Maestro Swami, y me refiero a un regreso inmaterial. El Maestro admitió que Kraspky necesitaba volver y que justamente él estaba allí para ayudarlo. Krapsky volvió a sonreir, esta vez con una simpatía que parecía auténtica. Recordó mientras fingía estar tranquilo y confiar en él a un ex-amigo con el que viajaba todas las mañanas a las oficina en el microcentro dialogando al estilo socrático de los temas contemporáneos.
Las primeras horas en producción y el abandono definitivo a la realidad virtual fueron momentos terribles para él, y completamente agotadores, porque el tráfico de datos le daba cefaleas agudas y sobre todo no disminuía como estaba previsto que ocurriera. Era como si cada ejecución de un nuevo pensamiento invocador de referencias no se cerrara a tiempo y quedaran conexiones abiertas que no se resolvían hasta que su memoria de corta duración, ,a la que entrenó durante meses para adaptarse al sistema, colapsaba y había que reiniciarlo con shocks que sutiles pero implacables lo mellaban en su voluntad de sostenerse conectado.
Krapsky era un adolescente cuando ocurrió la primera revolución, que fue la de los servidores interconectados.
Anna, su novia, lo esperaba vestida y perfumada para el cine, el restaurant, el shopping, pero el rush o la crema se le empezaban a correr cuando las horas pasaban y las lágrimas impotentes le hacían admitir que la pasíon de Krapsky por las redes la dejaba completamente fuera de combate.
La segunda, la de la Bibliosfera, lo tomó desprevenido en sus noches adultas de insomnio cuando sus consultas eran respondidas con resultados cada vez más completos y las fuentes disponibles cada vez mayores.
Soy la persona indicada -dijo, cuando lo aprobaron en el Comité- para protagonizar la tercera revolución y estoy dispuesto a que mi cuerpo sea el campo de batalla de los incipientes procesos bibliomentales.
Krapsky, le dijo una tarde su cuerpoterapeuta, cuando accedo a tu vibraenergetica mi diccionario de conceptos me advierte claramente que algo "no humano" participa de tus atributos emocionales.
Faltaban diez días para comenzar el Proyecto y Krapsky abrió un mail al despertarse donde le sugerían unas vacaciones en Asunción, Paraguay.
Es el lugar menos interesante que encontramos para vos en todo el mundo -oyó que
le explicó segundos después la respuesta automática de su jefe inmediato-, y necesitamos que te reencuentres con tus verdaderos afectos antes de iniciar este viaje de ida sin retorno al que no sabemos si sobrevivirás.
Así que al día siguiente volaba en un boeing mal mantenido y con azafatas de carne a las que se les derramaba el café en uno de cada tres asientos pero más tranquilo por alejarse de Buenos Aires.
Krapsky no podía leer el diario, porque lo tentaba más poner en holopantalla sus invenciones, pero esto sería sólo hasta cortar amarras, luego no habría más diario y si hubiera, sería tambien inventado.
Son pocos los rastros que quedan ya de las primeras simulaciones, cuando el modelo aún estaba en etapa de exploración de diseño de interfaces, pero sirven para tener una impresión de lo que fue el proceso.
Lo que se planteaban los ingenieros en esos focus groups para definir los propósitos de la vida biosferica era deliberadamente paradójico y contradictorio, complejo y caotico, dado que esos eran los paradigmas dominantes de la época, y no como ahora que el descrédito los hizo parecer en desuso y mal vistos en cualquier Congreso de Bibliosferología Especializada.
Ejemplo de situación: cuando Krapsky volvió de Asunción le pidieron que vaya a un meeting en el que unos Maestros de Yoga le enseñarían a meditar junto con su pareja.
Lo que obsesionaba a los ingenieros era ka fórmula: la cita justa del libro justo en el momento justo de tu vida.
Esto se apoyaba sin dudas en la ideología turbocapitalista para la cual la aceleración era la flecha termodinámica y por lo tanto: para qué inducir a la lectura si podemos programar los efectos útiles o deseados en forma instantánea. Esto significaba que podían "editarse" las citas necesarias para que el cerebro las tuvierse a mano en las circunstancias previstas.
En este caso, lo que importaba era que Krapsky procesara la lectura de un tratado de Carl Gustav Jung sobre el matrimonio porque en él estaba contenido lo que Krapsky debía argumentar en la entrevista con los Yoguis.
Los Ingenieros programaban reglas pero los Semánticos y los Filólogos eran los que desambiguaban, contextualizaban, y aportaban los criterios de interpretación necesarios para que el marco textual fuese consistente. La experiencia que uno estaría inducido a tener debía responder a reglas pero ser a la vez lo suficientemente flexible como para ser compleja, emocional, cultural.
Krapsky ya sabía con anterioridad y había debatido acerca de este tema muchas veces en su vida, argumentando en contra y a favor del matrimonio "como institución" pero ahora la "simulación" incorporaba en su memoria un set de keywords basado en su propio "diccionario" -uno de los órganos del "cuerpo inteligente" que permitía que con su misma lógica Krapsky procesara el texto de Jung y dispusiera de él ,como quien entreteje refranes dentro de una charla, en la conversación con los budistas.
Lo hicieron pasar a la recepción pero Krapsky pensó que era hipócrita agradecerles y se quedó callado. Ninguno sentía ninguna urgencia por romper el silencio, de modo que todos aprovecharon para estudiarse y generar misterio. Enseguida, el Maestro Swami lo interrogó con firmeza sobre el experimento y por qué lo habían elegido y agregó: me han hablado de su talento para las entrevistas.
Krapsky sonrió: la referencia lo envalentonó y le vino bien porque se sentía muy apático.
Es hora de volver, le dijo al Maestro Swami, y me refiero a un regreso inmaterial. El Maestro admitió que Kraspky necesitaba volver y que justamente él estaba allí para ayudarlo. Krapsky volvió a sonreir, esta vez con una simpatía que parecía auténtica. Recordó mientras fingía estar tranquilo y confiar en él a un ex-amigo con el que viajaba todas las mañanas a las oficina en el microcentro dialogando al estilo socrático de los temas contemporáneos.
martes, julio 04, 2006
Apenas un chico
Ambos, Krapsky y su esposa Anna, estaban sentados, uno enfrente del otro, en la mesa mejor ubicada de la terraza de un Bar llamado Amberes, con vista al océano. Anna jugueteaba con un enorme largavistas que estaba apoyado, fuera de su estuche, sobre el borde de la mesa de madera en la que había dos botellas de cerveza casi vacías. Mediante ese largavistas se podía distinguir el rostro e incluso los lunares y arrugas de todos los que andaban por la playa o hacían surf sobre las olas.
Era una agradable y calurosa tarde de otoño en Santa Barbara, la mejor estación, el mejor momento del año para sentarse en la terraza del Amberes.
Y Krapsky dijo: este es es el día más importante de mi vida.
Por qué -pregunto Anna- el más importante ?
Nunca hubo un día tan importante como hoy -respondió tajante Krapsky-. Ayer hablamos por teléfono casi veinte minutos. Sabés lo que son veinte minutos ? Voy a ir a visitarlo. Me pidió que por favor lo fuera a ver. A su casa, por la tarde. Qué tal estoy? Me queda bien la camisa ?
Estás extraordinariamente bien, dijo Anna.
De todos los escritores que Krapsky había leído, él era quien más ímpetu le daba para ponerse a trabajar. Ni los consejos de Rilke, ni el Diario de Kafka, ni los fracasos de Don Quijote, ni la melancolia de Emma Bovary podían equipararse a la motivación que él le provocaba.
Algunos, solía decir Krapsky, te conmueven o perturban tus sentidos, sí, por supuesto que sí. A veces es increíble el nivel de intensidad que podés tener durante días enteros con ellos. Algunos forman tu identidad como Kerouac o Miller. Pero él ...él es el mejor de todos.
No te parece que es inigualable ? -dijo Krapsky y Anna lo miró sin inmutarse-
Sos vos, le dijo, el que lo tiene que decir. Lo leí, lo leo a veces, pero leí más y mejor a otros. Leí mucho más Ford Maddox Ford, leí muchísimo más Fitzgerald. Y creo que El Gran Gatsby ...
Tomamos otra cerveza ? -interrumpió Krapsky- O preferís que vayamos a caminar por la playa ?
La verdad, dijo Anna, no estaría mal tomar otra cerveza.
Krapsky se relajó, sacó un cigarrillo, lo volvió a guardar, cerró los ojos, y se quedó callado durante cinco, diez, quince minutos.
Te parece -le preguntó Anna, quebrando el silencio repentinamente- que va a estar en su casa, esperándote, un día como hoy ? Todo el mundo sabe que él trabaja religiosamente de mañana, contesta cartas y se va caminando hasta que un amigo lo cruza y se sientan a tomar el primer daikiri de una serie que, según el día, puede ser larga o larguísima.
Me dijo, dijo Krapsky, así, textual: por que no viene mañana, cinco y cuarto cinco y media a casa ? Hay algo que quiero decirle personalmente. Lo considero una buena persona. Me gustaría poder confiar en usted. Me parece que usted tiene palabra.
Anna se sonrió y Krapsky la miró fijo antes de llevarse las manos al cuello para desabrocharse el último botón de la camisa y aflojarse con un tirón muy suave el nudo de la corbata de seda roja.
Me pregunto qué -preguntó Anna riéndose nerviosa, decepcionada- te habrá querido decir con eso de que tenés palabra ? Nunca te lo habían dicho. Cuando escuché lo que te dijo me quedé pensando en tu hermano. Estoy pensando en él ahora. Estoy pensando en Nick. Pensando que nunca fuiste a visitarlo. Yo estaba al lado tuyo cuando te llamó y escuché con total claridad y nitidez cómo le prometías que lo ibas a ir a ver como mínimo, y repetiste, cómo mínimo, una vez a la semana.
Eso le dije ? dijo Krapsky. Así le dije ? No. No puede ser.
Siempre te caracterizaste- sentenció Anna con amargura y resignación- por estar cerca de los poderosos. No tengo ninguna duda de que la basura esa de Brook lo odiaba a Nick más que a cualquiera de los chicos que alguna vez se le acercaban. Me pregunto cómo llegaron a Brook esos rumores de que Nick había violado una menor. Cuando uno tiene varios millones de dolares disponibles tiene que demostrar su inocencia porque, de por sí, ya es culpable de poder comprarlo todo.
No sé, dijo Krapsky, antes que que él me llamara me puse a hojear el Times para matar el tiempo. Y ahora, escuchándote hablar, recordé súbitamente lo que decía uno de los títulos de la sección de policiales.
Y qué decia ? dijo Anna.
Decía, dijo Krapsky, que habían asesinado a Brook mientras almorzaba en su casa con toda su familia. Algo muy fuerte. Un escándalo. Pero después sonó el teléfono, era él, y me olvidé completamente del asunto.
Hasta que él, dijo Anna, te lo volvió a mencionar.
De ninguna manera, se defendió Krapsky. Con él sólo hablé de búfalos, de chaquetas verdes, de sagacidad y de puntería.
Pobre Nick, suspiró Anna, me imagino cómo debe estar sufriendo cada minuto de encierro. Ojala pueda leer.
Después de todo, él es apenas un chico. Lo ves y no le das más de discisesis o diecisiete. Podemos tomar otra ?
Hace calor. Hace muchísimo calor. Hacía mucho que no tenía tanto calor.
Sí, dijo Krapsky, claro que podemos tomar otra.
Anna era alta, flaca, llevaba el pelo corto. Tenía ideas originales y tenía talento. Muchas veces, al principio más, después se fueron acostumbrando, sus amigos y conocidos le preguntaban por qué estaba casada con un tipo como Krapsky.
Anna bajó los ojos, agarró el largavistas, y empezó a enfocar hacia la playa. Ajustó el foco lo mejor que pudo.
Una chica caminaba sola, el agua le cubría los tobillos., cada tanto se detenía, clavaba los talones en la arena húmeda, giraba, miraba las huellas que había dejado impresas y seguía caminando. Un hombre de unos sesenta y cinco años leía una revista francesa sentado en posición yogui sobre una lona. Cabeceaba, se estaba por quedar dormido, pero sus ojos nunca dejaban de perseguir los caracteres negros sobre el fondo blanco de papel.
Creo que a él, dijo Anna, le va a resultar muy conveniente conversar con vos. Creo que no se va a aburrir para nada. Porque vos serás para él una persona sumamente útil.
Era una agradable y calurosa tarde de otoño en Santa Barbara, la mejor estación, el mejor momento del año para sentarse en la terraza del Amberes.
Y Krapsky dijo: este es es el día más importante de mi vida.
Por qué -pregunto Anna- el más importante ?
Nunca hubo un día tan importante como hoy -respondió tajante Krapsky-. Ayer hablamos por teléfono casi veinte minutos. Sabés lo que son veinte minutos ? Voy a ir a visitarlo. Me pidió que por favor lo fuera a ver. A su casa, por la tarde. Qué tal estoy? Me queda bien la camisa ?
Estás extraordinariamente bien, dijo Anna.
De todos los escritores que Krapsky había leído, él era quien más ímpetu le daba para ponerse a trabajar. Ni los consejos de Rilke, ni el Diario de Kafka, ni los fracasos de Don Quijote, ni la melancolia de Emma Bovary podían equipararse a la motivación que él le provocaba.
Algunos, solía decir Krapsky, te conmueven o perturban tus sentidos, sí, por supuesto que sí. A veces es increíble el nivel de intensidad que podés tener durante días enteros con ellos. Algunos forman tu identidad como Kerouac o Miller. Pero él ...él es el mejor de todos.
No te parece que es inigualable ? -dijo Krapsky y Anna lo miró sin inmutarse-
Sos vos, le dijo, el que lo tiene que decir. Lo leí, lo leo a veces, pero leí más y mejor a otros. Leí mucho más Ford Maddox Ford, leí muchísimo más Fitzgerald. Y creo que El Gran Gatsby ...
Tomamos otra cerveza ? -interrumpió Krapsky- O preferís que vayamos a caminar por la playa ?
La verdad, dijo Anna, no estaría mal tomar otra cerveza.
Krapsky se relajó, sacó un cigarrillo, lo volvió a guardar, cerró los ojos, y se quedó callado durante cinco, diez, quince minutos.
Te parece -le preguntó Anna, quebrando el silencio repentinamente- que va a estar en su casa, esperándote, un día como hoy ? Todo el mundo sabe que él trabaja religiosamente de mañana, contesta cartas y se va caminando hasta que un amigo lo cruza y se sientan a tomar el primer daikiri de una serie que, según el día, puede ser larga o larguísima.
Me dijo, dijo Krapsky, así, textual: por que no viene mañana, cinco y cuarto cinco y media a casa ? Hay algo que quiero decirle personalmente. Lo considero una buena persona. Me gustaría poder confiar en usted. Me parece que usted tiene palabra.
Anna se sonrió y Krapsky la miró fijo antes de llevarse las manos al cuello para desabrocharse el último botón de la camisa y aflojarse con un tirón muy suave el nudo de la corbata de seda roja.
Me pregunto qué -preguntó Anna riéndose nerviosa, decepcionada- te habrá querido decir con eso de que tenés palabra ? Nunca te lo habían dicho. Cuando escuché lo que te dijo me quedé pensando en tu hermano. Estoy pensando en él ahora. Estoy pensando en Nick. Pensando que nunca fuiste a visitarlo. Yo estaba al lado tuyo cuando te llamó y escuché con total claridad y nitidez cómo le prometías que lo ibas a ir a ver como mínimo, y repetiste, cómo mínimo, una vez a la semana.
Eso le dije ? dijo Krapsky. Así le dije ? No. No puede ser.
Siempre te caracterizaste- sentenció Anna con amargura y resignación- por estar cerca de los poderosos. No tengo ninguna duda de que la basura esa de Brook lo odiaba a Nick más que a cualquiera de los chicos que alguna vez se le acercaban. Me pregunto cómo llegaron a Brook esos rumores de que Nick había violado una menor. Cuando uno tiene varios millones de dolares disponibles tiene que demostrar su inocencia porque, de por sí, ya es culpable de poder comprarlo todo.
No sé, dijo Krapsky, antes que que él me llamara me puse a hojear el Times para matar el tiempo. Y ahora, escuchándote hablar, recordé súbitamente lo que decía uno de los títulos de la sección de policiales.
Y qué decia ? dijo Anna.
Decía, dijo Krapsky, que habían asesinado a Brook mientras almorzaba en su casa con toda su familia. Algo muy fuerte. Un escándalo. Pero después sonó el teléfono, era él, y me olvidé completamente del asunto.
Hasta que él, dijo Anna, te lo volvió a mencionar.
De ninguna manera, se defendió Krapsky. Con él sólo hablé de búfalos, de chaquetas verdes, de sagacidad y de puntería.
Pobre Nick, suspiró Anna, me imagino cómo debe estar sufriendo cada minuto de encierro. Ojala pueda leer.
Después de todo, él es apenas un chico. Lo ves y no le das más de discisesis o diecisiete. Podemos tomar otra ?
Hace calor. Hace muchísimo calor. Hacía mucho que no tenía tanto calor.
Sí, dijo Krapsky, claro que podemos tomar otra.
Anna era alta, flaca, llevaba el pelo corto. Tenía ideas originales y tenía talento. Muchas veces, al principio más, después se fueron acostumbrando, sus amigos y conocidos le preguntaban por qué estaba casada con un tipo como Krapsky.
Anna bajó los ojos, agarró el largavistas, y empezó a enfocar hacia la playa. Ajustó el foco lo mejor que pudo.
Una chica caminaba sola, el agua le cubría los tobillos., cada tanto se detenía, clavaba los talones en la arena húmeda, giraba, miraba las huellas que había dejado impresas y seguía caminando. Un hombre de unos sesenta y cinco años leía una revista francesa sentado en posición yogui sobre una lona. Cabeceaba, se estaba por quedar dormido, pero sus ojos nunca dejaban de perseguir los caracteres negros sobre el fondo blanco de papel.
Creo que a él, dijo Anna, le va a resultar muy conveniente conversar con vos. Creo que no se va a aburrir para nada. Porque vos serás para él una persona sumamente útil.
sábado, junio 03, 2006
infancia
En un cajón pintado de rojo había, hace ya 30 años, un supuesto hormiguero doméstico que inventé para causar impresión entre mis compañeros de grado. Pero cuando ellos venían a mi casa, las hormigas necesitaban descansar y lo mejor era hacer silencio, apagar la luz, y abandonar el cuarto.
La felicidad y la infancia son avenidas que se cruzan para que haya un punto de referencia al cual volver después de mucho tiempo.
Cada cual tiene su cruce: el mío es una mesa de ping pong desplegada sobre el living de un departamento que compartía con mi hermano mayor, a quince pasos de puerta de otro departamento donde vivían nuestros padres durante los años 70.
Las valijas Primicia se deslizaban veloces por el parquet plastificado y las corbatas y camisas volaban por el aire para poder empezar una serie interminable de diez o doce horas de torneos que sólo se interrumpían para ir a comer o tomar coca cola helada.
La felicidad es eso: foto o película, y nada más. Pero la felicidad que era sigue siendo y la avenida de la infancia quedó atrás, borrosa en el espejo retrovisor de la existencia que tratamos de crear.
Ahora es de mañana, y volvemos a nacer con el aire del otoño y el café que nos enciende luego de la ducha tibia y la crema de afeitar.
- Ah, estabas...dice Aurora, creí que irías a trabajar hoy, sabés
La felicidad y la infancia son avenidas que se cruzan para que haya un punto de referencia al cual volver después de mucho tiempo.
Cada cual tiene su cruce: el mío es una mesa de ping pong desplegada sobre el living de un departamento que compartía con mi hermano mayor, a quince pasos de puerta de otro departamento donde vivían nuestros padres durante los años 70.
Las valijas Primicia se deslizaban veloces por el parquet plastificado y las corbatas y camisas volaban por el aire para poder empezar una serie interminable de diez o doce horas de torneos que sólo se interrumpían para ir a comer o tomar coca cola helada.
La felicidad es eso: foto o película, y nada más. Pero la felicidad que era sigue siendo y la avenida de la infancia quedó atrás, borrosa en el espejo retrovisor de la existencia que tratamos de crear.
Ahora es de mañana, y volvemos a nacer con el aire del otoño y el café que nos enciende luego de la ducha tibia y la crema de afeitar.
- Ah, estabas...dice Aurora, creí que irías a trabajar hoy, sabés
domingo, mayo 21, 2006
si hay tiempo
el sol entraba por el parabrisas, afuera hacía frío, era otoño, y pasaron dos minutos en completo silencio hasta que mi hermano mayor frenó, apagó el motor del auto, y respiré profundo antes de revolver en la bolsa de plástico en busca de las pelotitas más afelpadas y con más presión.
peloteábamos con atención y regulábamos muy bien el poco aire que nos iba quedando hasta que pasaron 49 minutos de los 60 previstos en el turno y mi hermano me dijo basta, no doy más, paremos acá, y empezamos a caminar lentamente hacia el banco de mitad de cancha en busca de toallas, agua fría y elongación muscular.
mientras me sacaba la remera, y me secaba la transpiración, mi hermano empezó a explicarme en qué consistía su nuevo puesto docente en una maestría de la universidad. Quedaba poca luz en la tarde, y quedaba poca gente en el club. Mi hermano acababa de tener hacía un mes y medio a su segundo hijo y la noche anterior casi no había dormido. Tenía 40 años, tenía más trabajo, y tenía más alumnos que el año pasado. Le pedí que intentara volver a jugar todos los fines de semana, así entrábamos en ritmo, y podíamos hacer uno o dos sets. Pero no era fácil encontrar el tiempo. Había que decir que no a muchas invitaciones, a muchas obligaciones, a mucha gente que esperaba poder conversar con él, consultarlo, seguir un tratamiento.
Le pregunté cómo se veía él, ahora, con los pantalones cortos, y la raqueta en la mano, durante los próximos 20 años, los años de la productividad definitiva, los años de dar todo lo que podamos dar al mundo, sociedad, familia, amigos, hijos, y hermanos.
Y se sobresaltó, se quedó casi paralizado, porque tuvo una sensación de vértigo metafísico cuando constató que los días pasan, las semanas se acaban, se evapora un mes tras otro, llega el fin de año, el comienzo del nuevo, y nuevamente pasa un día, se acaba una semana, se evapora un mes, y termina otro, el mismo, algún año.
Y reflexionó: después de sumar las horas de trabajo, las horas de estudio, las horas de atención a mis hijos, las de intimidad con mi mujer, las horas muertas del transporte, las del café de la mañana, me quedan quince o veinte minutos, y eso es todo, no hay más que eso, vinimos al mundo para eso, para lo que queda después de todo, al final, si hay tiempo.
peloteábamos con atención y regulábamos muy bien el poco aire que nos iba quedando hasta que pasaron 49 minutos de los 60 previstos en el turno y mi hermano me dijo basta, no doy más, paremos acá, y empezamos a caminar lentamente hacia el banco de mitad de cancha en busca de toallas, agua fría y elongación muscular.
mientras me sacaba la remera, y me secaba la transpiración, mi hermano empezó a explicarme en qué consistía su nuevo puesto docente en una maestría de la universidad. Quedaba poca luz en la tarde, y quedaba poca gente en el club. Mi hermano acababa de tener hacía un mes y medio a su segundo hijo y la noche anterior casi no había dormido. Tenía 40 años, tenía más trabajo, y tenía más alumnos que el año pasado. Le pedí que intentara volver a jugar todos los fines de semana, así entrábamos en ritmo, y podíamos hacer uno o dos sets. Pero no era fácil encontrar el tiempo. Había que decir que no a muchas invitaciones, a muchas obligaciones, a mucha gente que esperaba poder conversar con él, consultarlo, seguir un tratamiento.
Le pregunté cómo se veía él, ahora, con los pantalones cortos, y la raqueta en la mano, durante los próximos 20 años, los años de la productividad definitiva, los años de dar todo lo que podamos dar al mundo, sociedad, familia, amigos, hijos, y hermanos.
Y se sobresaltó, se quedó casi paralizado, porque tuvo una sensación de vértigo metafísico cuando constató que los días pasan, las semanas se acaban, se evapora un mes tras otro, llega el fin de año, el comienzo del nuevo, y nuevamente pasa un día, se acaba una semana, se evapora un mes, y termina otro, el mismo, algún año.
Y reflexionó: después de sumar las horas de trabajo, las horas de estudio, las horas de atención a mis hijos, las de intimidad con mi mujer, las horas muertas del transporte, las del café de la mañana, me quedan quince o veinte minutos, y eso es todo, no hay más que eso, vinimos al mundo para eso, para lo que queda después de todo, al final, si hay tiempo.
domingo, abril 30, 2006
life is this and nothing else
No importa si el siglo XX o XXI, el fraseo de Billie Holiday o el de Lauryn Hill, cincuenta páginas de Saer o de Proust, Cartagena o Estocolmo. Cuando el repiqueteo de la mente encuentra una sala de estar más confortable, o los psicofármacos se ocupan de asignar recursos en la mente que no estaban disponibles, un cuerpo, este cuerpo, liberado de la mochila que la mente llenó de piedras en la adolescencia, se vuelve a recostar sobre la alfombra a mediodía en la casa materna, y veinte o treinta años más tarde, se formula la misma incontestable cuestión existencial.
Los pragmáticos de mi ciudad enseñan que un problema que no tiene solución no es un problema. No ponen en duda la falta de solución, se impacientan con sólo escuchar que alguien pide tiempo adicional para seguir dándole vueltas a la idea. No la tiene, es inútil buscarla. Pero los idealistas sonríen porque ahora con mucha más razón se ven atraídos por ese callejón sin salida y en lugar de ponerle fin a la jornada laboral se quedan después de hora, hasta el amanecer, dándose de cabeza contra el piso, hasta que sangre, hasta que las tripas revienten, sin resignarse a darse por vencidos, y profesando un acto de fe dostoievskiano.
Dos mil quinientos años atrás, hombres que dividían a las mujeres en ecónomas del hogar o semidiosas sáficas, comenzaban a buscar, fuera del hogar, razones, argumentos, y todo tipo de productos y subproductos del discurso verbal que los hiciera ser partes de un mercado de palabras con sentido.
Los clubes de amigos, lanzados a la especulación, hicieron una nueva forma de homosexualidad llamada Philia o amistad entre hombres.
Pero dos mil quinientos en la historia de la humanidad puede ser equivalente a veinticinco de tu vida y, cuando se acerca la serenidad de fines de los 30, un humo
Los pragmáticos de mi ciudad enseñan que un problema que no tiene solución no es un problema. No ponen en duda la falta de solución, se impacientan con sólo escuchar que alguien pide tiempo adicional para seguir dándole vueltas a la idea. No la tiene, es inútil buscarla. Pero los idealistas sonríen porque ahora con mucha más razón se ven atraídos por ese callejón sin salida y en lugar de ponerle fin a la jornada laboral se quedan después de hora, hasta el amanecer, dándose de cabeza contra el piso, hasta que sangre, hasta que las tripas revienten, sin resignarse a darse por vencidos, y profesando un acto de fe dostoievskiano.
Dos mil quinientos años atrás, hombres que dividían a las mujeres en ecónomas del hogar o semidiosas sáficas, comenzaban a buscar, fuera del hogar, razones, argumentos, y todo tipo de productos y subproductos del discurso verbal que los hiciera ser partes de un mercado de palabras con sentido.
Los clubes de amigos, lanzados a la especulación, hicieron una nueva forma de homosexualidad llamada Philia o amistad entre hombres.
Pero dos mil quinientos en la historia de la humanidad puede ser equivalente a veinticinco de tu vida y, cuando se acerca la serenidad de fines de los 30, un humo
viernes, marzo 17, 2006
cuando muera
Cuando muera, a dos edificios de distancia del bco nacion, frente al botanico, que se recorte el sol apenas por encima de un grupo de nubes grises, plateadas, que él se ponga de pie, que trastabille y vaya hasta la ventana, que presienta que un incendio se acaba de declarar en la cocina o en el lavadero en el que dormía por segunda vez.
Cuando muera, se autopublicará en mi blog un poema que compuso el amigo más extraordinario que tuve, de quien sólo diré algunas cosas más adelante.
Un poema que logra resumir en dos líneas todo, o lo único que en definitiva importa saber cuando uno ya vivió lo suficiente o sabe que lo que le resta está de más en cierta forma.
Cuando esto termine, empezarán muchas más cosas, pero afortunadamente no estaré para decir si son las esperadas por quienes hoy existen.
Muchas más cosas, cuando muera, cuando lean el poema y sepan de qué hablo, cuando esto por fin termine y quede lo que tenga que quedar.
Cuando muera, quiero que por la Avenida Santa Fe, entre Aguero y Laprida, caminen de la mano Madonna y Lauryn Hill, y que mientras una recite mis últimas palabras, la otra llore y piense que ni los antidepresivos bastarán en esta oportunidad.
Cuando muera, se autopublicará en mi blog un poema que compuso el amigo más extraordinario que tuve, de quien sólo diré algunas cosas más adelante.
Un poema que logra resumir en dos líneas todo, o lo único que en definitiva importa saber cuando uno ya vivió lo suficiente o sabe que lo que le resta está de más en cierta forma.
Cuando esto termine, empezarán muchas más cosas, pero afortunadamente no estaré para decir si son las esperadas por quienes hoy existen.
Muchas más cosas, cuando muera, cuando lean el poema y sepan de qué hablo, cuando esto por fin termine y quede lo que tenga que quedar.
Cuando muera, quiero que por la Avenida Santa Fe, entre Aguero y Laprida, caminen de la mano Madonna y Lauryn Hill, y que mientras una recite mis últimas palabras, la otra llore y piense que ni los antidepresivos bastarán en esta oportunidad.
sábado, febrero 11, 2006
sul cominciare e sul finire
El Juguete Rabioso (1926)
Comienzo
Final
Capitulo IV : Judas Iscariote
>Arsenio Vitri se levantó, y riendo dijo:
Comienzo
Capítulo I: Los ladrones
<>Cuando tenía catorce años me inició en los deleites y afanes de la literatura bandoleresca un viejo zapatero andaluz que tenía su comercio de remendón junto a una ferretería de fachada verde y blanca, en el zaguán de una casa antigua en la calle Rivadavia entre Sud América y Bolivia.Final
Capitulo IV : Judas Iscariote
>Arsenio Vitri se levantó, y riendo dijo:
—Todo eso está muy bien, pero hay que trabajar. ¿En qué puedo serle útil?
Reflexioné un instante, luego:
—Vea; yo quisiera irme al sur... al Neuquén... allá donde hay hielos y nubes... y grandes montañas... quisiera ver la montaña...
—Perfectamente; yo le ayudaré y le conseguiré un puesto en Comodoro; pero ahora váyase porque tengo que trabajar. Le escribiré pronto... ¡Ah!, y no pierda su alegría; su alegría es muy linda...
Y su mano estrechó fuertemente la mía. Tropecé con una silla... y salí.
sábado, febrero 04, 2006
No soy n pero soy n * n + 1
No soy tenista, no practico el tenis en forma profesional, pero con qué entusiasmo, los días que juego, veo que amanece y me calzo las zapatillas y termino rápido mi capuccino para empezar a elongar y concentrarme en los golpes, la táctica, y la regulación de la energía física.
No, no soy tenista, ni estoy entre los primeros 50.000 mejores jugadores, ningún sponsor me viene a buscar para que luzca la ropa diseñada especialmente para mí, los tubos de pelotas los compro en la estación de servicio, y cambio sin chistar las cuerdas de mi raqueta cada vez que se cortan.
No soy un militante revolucionario, pero se me pone la piel de gallina
No, no soy tenista, ni estoy entre los primeros 50.000 mejores jugadores, ningún sponsor me viene a buscar para que luzca la ropa diseñada especialmente para mí, los tubos de pelotas los compro en la estación de servicio, y cambio sin chistar las cuerdas de mi raqueta cada vez que se cortan.
No soy un militante revolucionario, pero se me pone la piel de gallina
jueves, febrero 02, 2006
Un sabio de nuestro tiempo
Finalmente me dijo salí, viví, y nos dimos un tímido abrazo que se hizo efusivo al separarnos.
Lo había conocido por casualidad, comiendo en la mesa de al lado de un restaurant naturista. Se sentó sobre
un mismo banco de madera, a mi izquierda, acompañado por una mujer bellísima, madura, de unos 55 años,
que disfrutaba de la comida más que él pero que no lograba seguirlo en sus comentarios irónicos acerca de la salud física que poco a poco iba perdiendo.
Lo obsesionaba la vejez, y por eso mismo era un sabio, que me aconsejaba regocijándose de tener que revivir dilemas o situaciones complejas donde siempre se entrecruzan lo emocional, lo racional y lo azarozo y donde la falta de lucidez impide ponderar con justeza o por insuficiente cálculo o por insuficiente intuición.
En general, solíamos empezar por sentarnos, tomar un té, y relajarnos hablando de política. Podía ser en la zona de Congreso o bien al norte, sobre el río. Me acuerdo la mañana en que me contó su participación en el incendio de Xerox durante el Cordobazo.
Lo primero que me dijo cuando me vio fue qué es eso y me señaló el postre que me acababan de servir : un crumble de durazno con helado de crema y jengibre. Tuve que tomar aire para responderle y prestó mucha atención a cada palabra que le decía, esperando que terminara de hablar y dijo qué es, helado ? sí le dije y ahí me dijo luce maravilloso sí le dije y agregué mintiendo levemente ya lo probé...y gesticulé un gesto de fruición afectada.
Cuando salió ese mediodía luego de terminar su postre, idéntico al mío, al verano porteño, el sol lo encegueció, me acerqué y le pedí que por favor me permitiera entrevistarlo. No sé le dije quién es no importa. Sé que vale la pena y tengo el cierre y quiero que sea tapa. No crea que soy sólo un periodista inexperto. Salí a cazar a un sabio porque es una especie en extinción y hay que convertirla en arte, para que perdure, porque sólo el arte perdura.
Aceptó enseguida pero al otro día por mail me puso una extensísima serie de condiciones que no hicieron más que confirmarme que había elegido bien.,
Lo había conocido por casualidad, comiendo en la mesa de al lado de un restaurant naturista. Se sentó sobre
un mismo banco de madera, a mi izquierda, acompañado por una mujer bellísima, madura, de unos 55 años,
que disfrutaba de la comida más que él pero que no lograba seguirlo en sus comentarios irónicos acerca de la salud física que poco a poco iba perdiendo.
Lo obsesionaba la vejez, y por eso mismo era un sabio, que me aconsejaba regocijándose de tener que revivir dilemas o situaciones complejas donde siempre se entrecruzan lo emocional, lo racional y lo azarozo y donde la falta de lucidez impide ponderar con justeza o por insuficiente cálculo o por insuficiente intuición.
En general, solíamos empezar por sentarnos, tomar un té, y relajarnos hablando de política. Podía ser en la zona de Congreso o bien al norte, sobre el río. Me acuerdo la mañana en que me contó su participación en el incendio de Xerox durante el Cordobazo.
Lo primero que me dijo cuando me vio fue qué es eso y me señaló el postre que me acababan de servir : un crumble de durazno con helado de crema y jengibre. Tuve que tomar aire para responderle y prestó mucha atención a cada palabra que le decía, esperando que terminara de hablar y dijo qué es, helado ? sí le dije y ahí me dijo luce maravilloso sí le dije y agregué mintiendo levemente ya lo probé...y gesticulé un gesto de fruición afectada.
Cuando salió ese mediodía luego de terminar su postre, idéntico al mío, al verano porteño, el sol lo encegueció, me acerqué y le pedí que por favor me permitiera entrevistarlo. No sé le dije quién es no importa. Sé que vale la pena y tengo el cierre y quiero que sea tapa. No crea que soy sólo un periodista inexperto. Salí a cazar a un sabio porque es una especie en extinción y hay que convertirla en arte, para que perdure, porque sólo el arte perdura.
Aceptó enseguida pero al otro día por mail me puso una extensísima serie de condiciones que no hicieron más que confirmarme que había elegido bien.,
viernes, enero 13, 2006
ya soy un escritor
Qué edad tiene un escritor ?
Rimbaud a los 17, Bertrand Russell después de los 50, y en el medio la tradición occidental con su espectro disperso de edades de iniciación.
Henry Miller a los 30, Cortazar , y a la vuelta de casa, en un ph, descubris que un anciano alemán de apellido Hertz murió dejando un cuaderno que era el No 953 de una serie que tenía acumulada en una gran biblioteca en el cual iba mejorando la versión de un libro que simulaba ser una versión en español de los Cantos Apocrifos de Pound. La genialidad de Hertz es que desde que entró a la universidad hasta el día en que murió supo, quiso o le convino que su premisa fuera inamovible. Tenía la tranquilidad de sentarse frente a una hoja que nunca estaba en blanco, aunque no hubiese ninguna línea escrita.
En qué momento la pregunta (y, ya soy un escritor ?) que se viene repitiendo desde la adolescencia, cuando descubriste que tenías que ser alguien, sobreimprimiendo tus hazañas en negrita para no correr el riesgo de pasar desapercibido.
Es fácil , a los 30, tomarse en serio porque uno estuvo soñando las mil y una noches de la poética y después de probar ser vanguardia experimental o fórmulas clásicas o autobiografía ficcional, llegó a la conclusión de que un tono registrado con precisión es suficiente para hacer crecer una historia, y si sos capaz de reproducir ese tono y a la vez diseñar la arquitectura del relato, con perseverancia, y profesionalismo, quíén te dice que no publicás una novela seria en una editorial de prestigio?
gold fifties, Cortazar en Paris,
y acercarme a la Maga que sonreía sin sorpresa, convencida como yo de que un encuentro casual era lo menos casual en nuestras vidas, y que la gente que se da citas precisas es la misma que necesita papel rayado pare escribirse o que aprieta desde abajo el tubo de dentífrico
y el exilio sopla a favor para desarrollar una mirada suficientemente extrañada para construir los perceptos adolescentes que luego, toda una generación, adoptaría pensando: esto es lo que yo quiero decir, sacarme de encima una generación "que da citas precisas, necesita papel rayado para escribirse, o aprieta el tubo del dentifrico desde abajo".
Cortazar en París, y mientras parece que el río de la Plata y el Sena mezclan sus aguas, en realidad se mete un huracan beatnik de la forma mucho más importante que el romanticismo de los contenidos. Una velocidad de la oración, que permite encadenar fotos, chispazos, manchones sobre la tela, y escaparse de la linealidad. Después lo llamaremos Jazz, pero no importa: es un fraseo, un único tono, que perseguido por su parte más ancha, hace avanzar una orquesta de instrumentos menores que, juntos arman la famosa sinfonía cortazariana.
Y en los 50 Henry Miller:
–Pues bien –continuó–, lo sepas o no, ya no queda en el mundo nada a lo que se pueda llamar alma. Eso explica en parte por qué se te hace tan difícil iniciarte como escritor. ¿Cómo puede escribir uno acerca de personas que no tienen alma?
Hay mucho de Miller en esta cita porque la Trilogía es la Historia de alguien que Tiene que ser escritor antes que ninguna otra cosa en el mundo. Es la novela de aprendizaje de un héroe que, si logra ser un escritor, con todo lo que eso supone para Miller, entonces luego existe.
Rimbaud a los 17, Bertrand Russell después de los 50, y en el medio la tradición occidental con su espectro disperso de edades de iniciación.
Henry Miller a los 30, Cortazar , y a la vuelta de casa, en un ph, descubris que un anciano alemán de apellido Hertz murió dejando un cuaderno que era el No 953 de una serie que tenía acumulada en una gran biblioteca en el cual iba mejorando la versión de un libro que simulaba ser una versión en español de los Cantos Apocrifos de Pound. La genialidad de Hertz es que desde que entró a la universidad hasta el día en que murió supo, quiso o le convino que su premisa fuera inamovible. Tenía la tranquilidad de sentarse frente a una hoja que nunca estaba en blanco, aunque no hubiese ninguna línea escrita.
En qué momento la pregunta (y, ya soy un escritor ?) que se viene repitiendo desde la adolescencia, cuando descubriste que tenías que ser alguien, sobreimprimiendo tus hazañas en negrita para no correr el riesgo de pasar desapercibido.
Es fácil , a los 30, tomarse en serio porque uno estuvo soñando las mil y una noches de la poética y después de probar ser vanguardia experimental o fórmulas clásicas o autobiografía ficcional, llegó a la conclusión de que un tono registrado con precisión es suficiente para hacer crecer una historia, y si sos capaz de reproducir ese tono y a la vez diseñar la arquitectura del relato, con perseverancia, y profesionalismo, quíén te dice que no publicás una novela seria en una editorial de prestigio?
gold fifties, Cortazar en Paris,
y acercarme a la Maga que sonreía sin sorpresa, convencida como yo de que un encuentro casual era lo menos casual en nuestras vidas, y que la gente que se da citas precisas es la misma que necesita papel rayado pare escribirse o que aprieta desde abajo el tubo de dentífrico
y el exilio sopla a favor para desarrollar una mirada suficientemente extrañada para construir los perceptos adolescentes que luego, toda una generación, adoptaría pensando: esto es lo que yo quiero decir, sacarme de encima una generación "que da citas precisas, necesita papel rayado para escribirse, o aprieta el tubo del dentifrico desde abajo".
Cortazar en París, y mientras parece que el río de la Plata y el Sena mezclan sus aguas, en realidad se mete un huracan beatnik de la forma mucho más importante que el romanticismo de los contenidos. Una velocidad de la oración, que permite encadenar fotos, chispazos, manchones sobre la tela, y escaparse de la linealidad. Después lo llamaremos Jazz, pero no importa: es un fraseo, un único tono, que perseguido por su parte más ancha, hace avanzar una orquesta de instrumentos menores que, juntos arman la famosa sinfonía cortazariana.
Y en los 50 Henry Miller:
–Pues bien –continuó–, lo sepas o no, ya no queda en el mundo nada a lo que se pueda llamar alma. Eso explica en parte por qué se te hace tan difícil iniciarte como escritor. ¿Cómo puede escribir uno acerca de personas que no tienen alma?
Hay mucho de Miller en esta cita porque la Trilogía es la Historia de alguien que Tiene que ser escritor antes que ninguna otra cosa en el mundo. Es la novela de aprendizaje de un héroe que, si logra ser un escritor, con todo lo que eso supone para Miller, entonces luego existe.
viernes, diciembre 23, 2005
1972
El No de años mágico fue siempre para mí 4. Tal vez se deba a la geometría, pero me enamoré de esa edad porque me parecía perfecta, nada que ver con cinco o siete, que siendo impares, y viniendo después que 4, me parecían llenos de ripio. Nada que ver tampoco con 6, que siendo par, siempre terminaba pareciéndome un 4+2 innecesario.
4 años, por otro lado, es un tiempo donde ya no se es bebé, tampoco se tienen muchas luces, pero al menos empezás a sintonizar las facultades, se puede hilvanar una conversación muy básica, y hay mucho, muchísimo mundo interior, porque sobran las percepciones no codificadas.
Caminar por las veredas de Barrio Norte, de la mano de la niñera, no sé si basta para estar en el paraíso de las experiencias infantiles, pero estaba bueno, excepto un día que se me quedó pegado un chicle en el pullover. Eso sí que era un problema para mí, algo que me ponía al borde del colapso. Ni siquiera la distancia de los años me dan un cable a tierra o perspectiva para relativizar el dramatismo de tenr un chicle pegado en el pullover. Si me preguntan si tuve algún kilombo grosso en esa época, ese fue sin duda uno.
No nos podemos olvidar de Perón tan fácilmente como se olvida un familiar por el que nunca sentimos nada. El año que murió, y yo lo veía sentado ante la philips de 30 pulgadas en blanco y negro que teníamos en el living, fue el año en que lo descubrí, muy tarde para un peronista histórico, suficiente para la generación políticamente "cepillada" que nació a fines de los 60,
Y qué me impresionaba más de él ? Sus discursos, sin duda alguna. No lo que decía, sino cómo lo decía. Los ojos entrecerrados, la camisa, el pelo engominado, pero más que nada su voz y la gestación emocional de gritos y cantos de la multitud.
Pero en una época tibiamente massmediática, Perón fue un eje alrededor del cual se dividía el país, en miles de pedazos.
Ejemplos:
peronista del 45, que recuerda que su padre se compró una heladera Siam y que en la fábrica le regalaban una canasta de fin de año con la que comían un mes entero.
peronista del 60, indignado por la proscripción, contagiado por la explosión de movimientos revolucionarios, y metido en una multiplicidad delirante de heterogeneidades con el rasgo en común de definirse como peronistas,
peronista del 70, activo como revolucionario, perseguido por la dictadura militar.
4 años, por otro lado, es un tiempo donde ya no se es bebé, tampoco se tienen muchas luces, pero al menos empezás a sintonizar las facultades, se puede hilvanar una conversación muy básica, y hay mucho, muchísimo mundo interior, porque sobran las percepciones no codificadas.
Caminar por las veredas de Barrio Norte, de la mano de la niñera, no sé si basta para estar en el paraíso de las experiencias infantiles, pero estaba bueno, excepto un día que se me quedó pegado un chicle en el pullover. Eso sí que era un problema para mí, algo que me ponía al borde del colapso. Ni siquiera la distancia de los años me dan un cable a tierra o perspectiva para relativizar el dramatismo de tenr un chicle pegado en el pullover. Si me preguntan si tuve algún kilombo grosso en esa época, ese fue sin duda uno.
No nos podemos olvidar de Perón tan fácilmente como se olvida un familiar por el que nunca sentimos nada. El año que murió, y yo lo veía sentado ante la philips de 30 pulgadas en blanco y negro que teníamos en el living, fue el año en que lo descubrí, muy tarde para un peronista histórico, suficiente para la generación políticamente "cepillada" que nació a fines de los 60,
Y qué me impresionaba más de él ? Sus discursos, sin duda alguna. No lo que decía, sino cómo lo decía. Los ojos entrecerrados, la camisa, el pelo engominado, pero más que nada su voz y la gestación emocional de gritos y cantos de la multitud.
Pero en una época tibiamente massmediática, Perón fue un eje alrededor del cual se dividía el país, en miles de pedazos.
Ejemplos:
peronista del 45, que recuerda que su padre se compró una heladera Siam y que en la fábrica le regalaban una canasta de fin de año con la que comían un mes entero.
peronista del 60, indignado por la proscripción, contagiado por la explosión de movimientos revolucionarios, y metido en una multiplicidad delirante de heterogeneidades con el rasgo en común de definirse como peronistas,
peronista del 70, activo como revolucionario, perseguido por la dictadura militar.
jueves, diciembre 22, 2005
Me voy a dar clase
Leí mi primer libro completo a los 12 años, y recuerdo que fue como correr una maratón leerlo, en verdad me parecía una hazaña transferir ese bloque de contenido en letra impresa sobre papel a mi cerebro vía mi cuerpo.
Con el tiempo, lo que empezó siendo una curiosidad muy fuerte, ir a ver al living los libros de la biblioteca de mis padres, siendo muy pendejo, 6 0 7 años -año 74, 75-. agarrar los tomitos de la Biblioteca Jackson, los discursos de Avellaneda por ejemplo, y leerlos, no importa el significado, hacer que era Perón y entonar como si hablara al pueblo en el balcón de la Pza de Mayo, eso, que empezó siendo una conexión cada vez más frecuente, se metamofoseó con los años y se transformó en enciclopedismo.
El tema es que la diversidad de libros que cubre el planeta es una especie de cerebro terraqueo donde las neuronas son personas que leen y el salto hipertextual de un libro a otro es una sinapsis literaria muchas veces aparentemente irracional o mágica pero casi siempre emocional, persuasiva, curiosa.
Ejemplo: a fines de los 80, leía sin parar a Henry Miller: Sexus, Nexus, los Trópicos, qué bálsamo para mi adolescencia un yo que se caga en todo y se afirma en forma Nietszcheana, pero pícara, ya que a diferencia de los vagabundos de Knut Hamsun, él era un "gran vividor" en los 50 en Brooklin, New York, liberado de todo. Y gracias a Henry Miller, Dostoievsky. Entrar por ahí no fue lo mismo que si hubiera entrado por los existencialistas franceses. Leerlo vía Miller permitía que uno también riera en esa estepa melancólica que eran las calles de Petersburgo donde se movían con angustia los largos apellidos de Crimen, Demonios, o Karamazoves.
A Sartre, en cambio, no llegué por la lectura sino por tradición oral, lo in-corporé escuchando a mi madre narrar su juventud, en la que un héroe intelectual con anteojos, medio deforme, se comprometía con el arte y la política "al mismo tiempo", y testimoniaba la intensidad de una movida mundial que llenaría de energía dos décadas doradas: los 60 y los 70.
La épica de la lectura en una vida pasa por los encuentros: con Robert Walser, con Proust, con Onetti, con Saer, con Boris Vian, con Pavese, con Capote, con Rodolfo Walsh, con Mailer. En cada uno, muchas horas, charlas, cigarrillos, viajes en subte, en avión, mañanas de invierno en la cocina, baños de inmersión.
Tal vez dejé abierto un día un libro en una cama y nunca más volví, pero qué importa ? Tal vez fue mucho mejor la chica que me hacía sexo oral para que yo dejara de leer, que el libro que estaba leyendo, pero qué carajo importa eso al lado de lo que quiero decir ?
Con el tiempo, lo que empezó siendo una curiosidad muy fuerte, ir a ver al living los libros de la biblioteca de mis padres, siendo muy pendejo, 6 0 7 años -año 74, 75-. agarrar los tomitos de la Biblioteca Jackson, los discursos de Avellaneda por ejemplo, y leerlos, no importa el significado, hacer que era Perón y entonar como si hablara al pueblo en el balcón de la Pza de Mayo, eso, que empezó siendo una conexión cada vez más frecuente, se metamofoseó con los años y se transformó en enciclopedismo.
El tema es que la diversidad de libros que cubre el planeta es una especie de cerebro terraqueo donde las neuronas son personas que leen y el salto hipertextual de un libro a otro es una sinapsis literaria muchas veces aparentemente irracional o mágica pero casi siempre emocional, persuasiva, curiosa.
Ejemplo: a fines de los 80, leía sin parar a Henry Miller: Sexus, Nexus, los Trópicos, qué bálsamo para mi adolescencia un yo que se caga en todo y se afirma en forma Nietszcheana, pero pícara, ya que a diferencia de los vagabundos de Knut Hamsun, él era un "gran vividor" en los 50 en Brooklin, New York, liberado de todo. Y gracias a Henry Miller, Dostoievsky. Entrar por ahí no fue lo mismo que si hubiera entrado por los existencialistas franceses. Leerlo vía Miller permitía que uno también riera en esa estepa melancólica que eran las calles de Petersburgo donde se movían con angustia los largos apellidos de Crimen, Demonios, o Karamazoves.
A Sartre, en cambio, no llegué por la lectura sino por tradición oral, lo in-corporé escuchando a mi madre narrar su juventud, en la que un héroe intelectual con anteojos, medio deforme, se comprometía con el arte y la política "al mismo tiempo", y testimoniaba la intensidad de una movida mundial que llenaría de energía dos décadas doradas: los 60 y los 70.
La épica de la lectura en una vida pasa por los encuentros: con Robert Walser, con Proust, con Onetti, con Saer, con Boris Vian, con Pavese, con Capote, con Rodolfo Walsh, con Mailer. En cada uno, muchas horas, charlas, cigarrillos, viajes en subte, en avión, mañanas de invierno en la cocina, baños de inmersión.
Tal vez dejé abierto un día un libro en una cama y nunca más volví, pero qué importa ? Tal vez fue mucho mejor la chica que me hacía sexo oral para que yo dejara de leer, que el libro que estaba leyendo, pero qué carajo importa eso al lado de lo que quiero decir ?
domingo, agosto 14, 2005
CMS
El momento que cambió sus vidas fue justamente cuando la multiplicidad en la que estaba chapoteando el "yo" entró en un breve pero intenso lapso de suspenso o congelamiento de sus aguas. Un momento es un instante pero la duración no tiene nada que ver con la intensidad que sentimos: imagínenselo como un éxtasis que por su culminante impresión genera una cascada de "deja vus" tan misteriosos como son los resultados de coincidencias admirables.
Cambió sus vidas el momento porque donde ni siquiera hubo un abismo ahora había un puente que generó el abismo, y con sólo empezar a transitar ese puente se hacía evidente que pasaríamos muchos años o décadas enfrascados en su ingeniería, su término, el tráfico concurrente, los cambios del paisaje a ambos lados, y la campana láctea o celestial que desde y para siempre lo cubrirá.
Hubo un abismo ?
O es que suceder, acontecer, es un deporte extremo y no faltan accidentados que nos alertan sobre los riesgos de vivir muy intensamente ?
Ellos ya lo han padecido, quemados por una plancha experimentadora que sólo nos demuestra un límite, y nos convencen con todas sus fuerzas de que no vale la pena desafiar como Quijote a sus molinos.
Ellos, me refiero a la generación de nuestros antecesores, ocuparon el espacio-tiempo de su época organizándose en grupos, sectas, tribus, bandas, familias de amigos de amantes de parientes o compañeros de ruta de ideas discusiones debates una fiebre puesta en las organizaciones nunca vista pero por otro lado la contemplación individual y repentinamente la sociabilidad y la amistad en dosis muy fuertes durante la noche y fiestas de música drogas orgías o aventuras desenfreno velocidad hijos de hijas de amigas entrando por puertas y ventanas a la casa aldea o choza con la hoguera que quema todas las maderas posibles.
Ellos han interiorizado en sus cuerpos y mentes una doctrina que los acompaña como una música de fondo u horizonte de posibilidad, un Gran Relato destinado a perdurar como esas relaciones que empiezan como un "shock" y no dejan de hacerse notar más o como la noche eterna de los amantes muy jóvenes: m-a-r-x-i-s-m-o.
Un faro que va descubriendo las olas que serán aplastadas por el casco del velero: un relato de relatos donde la vida de cada uno se contrasta con un marco de referencia donde las acciones tienen un factor común
Ellos han creído ver la luz y nos han explicado que a lo largo de los siglos otros, como ellos, también han creído ver la luz, y que es inevitable que si has creído verla, no quieras seguir de alguna manera apegado a semejanzas, analogías, certezas, escasas pero protegidas con uñas y dientes como las tapas de las ollas a presión o la mano sobre el sombrero cuando el viento sopla terriblemente fuerte una noche.
Los hemos visto desilusionarse en masa, retirarse de la vida pública, o permanecer en ella, aggiornados, cínicos, escépticos, pragmáticos, irónicos, y mordaces. Entre todas esas maneras posible hemos visto crecer a muchos artistas, pensadores, profesores, y deportistas.
Pero nosotros no somos los herederos de nuestros antecesores, no estamos fuera de su sintonía, y nuestra generación puede mantener la antorcha encendida y sobre todo puede metamorfosearla en un "momento" que cambiará nuestras vidas por ser multipropósito y admitir que las contingencias son la forma en que se expresa la naturaleza cuando la humanidad experimenta al crear el devenir de sus civilizaciones.
Qué puede haber mejor que despertarse un día sin Hegel encima de tu cama y ver cómo desaparecen los postes de electricidad que aseguran el abastecimiento de la energía continua ? No era suficiente con que a Dios le sucediera la contingencia de metamorfosearse en Historia ni de que a la Historia le sucediera la contingencia de encontrarse con el Proletariado. La cuestión no estaba en dónde anclar la contingencia sino en saber que los diferentes anclajes seguirán siendo fortuitos episodios dentro de un marco de estabilidad aparente promovido por nuestra resistencia al caos, la cual es formidable pero imprevisible en sus límites y capacidad para resolver lo inesperado.
Cambió sus vidas el momento porque donde ni siquiera hubo un abismo ahora había un puente que generó el abismo, y con sólo empezar a transitar ese puente se hacía evidente que pasaríamos muchos años o décadas enfrascados en su ingeniería, su término, el tráfico concurrente, los cambios del paisaje a ambos lados, y la campana láctea o celestial que desde y para siempre lo cubrirá.
Hubo un abismo ?
O es que suceder, acontecer, es un deporte extremo y no faltan accidentados que nos alertan sobre los riesgos de vivir muy intensamente ?
Ellos ya lo han padecido, quemados por una plancha experimentadora que sólo nos demuestra un límite, y nos convencen con todas sus fuerzas de que no vale la pena desafiar como Quijote a sus molinos.
Ellos, me refiero a la generación de nuestros antecesores, ocuparon el espacio-tiempo de su época organizándose en grupos, sectas, tribus, bandas, familias de amigos de amantes de parientes o compañeros de ruta de ideas discusiones debates una fiebre puesta en las organizaciones nunca vista pero por otro lado la contemplación individual y repentinamente la sociabilidad y la amistad en dosis muy fuertes durante la noche y fiestas de música drogas orgías o aventuras desenfreno velocidad hijos de hijas de amigas entrando por puertas y ventanas a la casa aldea o choza con la hoguera que quema todas las maderas posibles.
Ellos han interiorizado en sus cuerpos y mentes una doctrina que los acompaña como una música de fondo u horizonte de posibilidad, un Gran Relato destinado a perdurar como esas relaciones que empiezan como un "shock" y no dejan de hacerse notar más o como la noche eterna de los amantes muy jóvenes: m-a-r-x-i-s-m-o.
Un faro que va descubriendo las olas que serán aplastadas por el casco del velero: un relato de relatos donde la vida de cada uno se contrasta con un marco de referencia donde las acciones tienen un factor común
Ellos han creído ver la luz y nos han explicado que a lo largo de los siglos otros, como ellos, también han creído ver la luz, y que es inevitable que si has creído verla, no quieras seguir de alguna manera apegado a semejanzas, analogías, certezas, escasas pero protegidas con uñas y dientes como las tapas de las ollas a presión o la mano sobre el sombrero cuando el viento sopla terriblemente fuerte una noche.
Los hemos visto desilusionarse en masa, retirarse de la vida pública, o permanecer en ella, aggiornados, cínicos, escépticos, pragmáticos, irónicos, y mordaces. Entre todas esas maneras posible hemos visto crecer a muchos artistas, pensadores, profesores, y deportistas.
Pero nosotros no somos los herederos de nuestros antecesores, no estamos fuera de su sintonía, y nuestra generación puede mantener la antorcha encendida y sobre todo puede metamorfosearla en un "momento" que cambiará nuestras vidas por ser multipropósito y admitir que las contingencias son la forma en que se expresa la naturaleza cuando la humanidad experimenta al crear el devenir de sus civilizaciones.
Qué puede haber mejor que despertarse un día sin Hegel encima de tu cama y ver cómo desaparecen los postes de electricidad que aseguran el abastecimiento de la energía continua ? No era suficiente con que a Dios le sucediera la contingencia de metamorfosearse en Historia ni de que a la Historia le sucediera la contingencia de encontrarse con el Proletariado. La cuestión no estaba en dónde anclar la contingencia sino en saber que los diferentes anclajes seguirán siendo fortuitos episodios dentro de un marco de estabilidad aparente promovido por nuestra resistencia al caos, la cual es formidable pero imprevisible en sus límites y capacidad para resolver lo inesperado.
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